Vida, pasión y muerte de Amy Winehouse

Alcohol, drogas, escándalo. Todo ello resumió, según los tabloides, la vida de una  talentosa cantante que cautivó al mundo entero con su poderosa voz y sus potentes composiciones. Con apenas 27 años, Amy Winehouse cerró el telón y apagó las luces de los escenarios para siempre. Pero tras todo ello hay mucho más. Conoce la vida, pasión y muerte de esta estrella de la música.

Belgrado, Serbia, 18 de junio de 2011. Luego de horas de una tumultuosa espera entre gritos, silbidos, aullidos y el aire frío de la noche que pasaba sobre la Antigua Fortaleza, las luces se apagaron. El telón se abrió y una mujer flaquísima, con el cabello alborotado, un diminuto vestido y tacones altos, apareció para, luego de saludar a sus músicos, sentarse sobre el amplificador y acomodarse el calzado, que, al final, terminó arrojándolo a un costado del set.

Tambaleante, perdida, y restregándose los brazos, como liberándolos del ataque imaginario de un enjambre de abejas, ella gritaba y luego balbuceaba frases incomprensibles, logrando a las justas terminar de cantar el primer tema: “Just Friends”. El público impaciente -20 mil personas apostadas frente a ella- comenzó a abuchearla. Pero, es probable que ella ni se haya dado cuenta de ello.

Su vida ya se sumía entre las tinieblas del alcohol y las drogas. Y esto fue uno de los muchos escándalos en los que se vio envuelta la cantante y compositora inglesa Amy Winehouse, que se entretejieron como una densa telaraña que no la dejó escapar y que terminó consumiéndola. Cuando lo supe, no lo podía creer.

Y es que, a pesar de que todos los tabloides sensacionalistas anunciaban su muerte, como parte de una larga crónica anticipada, que solo priorizaba los hechos escandalosos, para todo aquel que tenga afición por la buena música, Amy era mucho más que ello; y yo pensaba que esa oscura parte de su vida se iba a desvanecer.

Su voz era grandiosa, poseedora de un sabor añejo y un cuerpo; para mí, similar a la textura de un vino tinto que se bebe en una velada romántica a la luz de las velas, o al sonido de la aguja de un tornamesa recorriendo los surcos de un viejo disco de vinilo.

Además, definitivamente, sabía componer, crear temas que llegaban al alma rajándola como un vidrio. Es esta la parte valiosa de un talento temprano que lastimosamente, nos dejó antes de tiempo, un 23 de julio.

Nacida para cantar

Nacida en 1983,  desde que era una niña, la pequeña Amy era fresca y juvenil, tenía una amplia sonrisa y todo un camino por delante. Pero, sobre todo, sabía perfectamente lo que quería. Hija de un taxista y  una farmacéutica, es gracias a la afición de su padre, Mitch, que ella se interesa por el jazz, y especialmente por la música del gran Frank Sinatra, mientras la mayoría de chicas de su edad divagaba entre N’Sync, Christina Aguilera y Britney Spears.

Empezó a destacar luego, cuando sus padres la inscribieron, a los 12 años, en la prestigiosa escuela de teatro Sylvia Young, por su voz fuerte, con registro vocal de contralto poderoso y profundo a la vez, lo que le auguraba un futuro promisorio en el canto. Según Sylvia, desde que llegó, Amy demostró tener un talento innato y condiciones, pero también, un carácter rebelde. Luego de un par de años fue expulsada por llevar un piercing en la nariz.

Pero esto no amaino el interés de Amy por dedicarse a la música, además, los géneros que disfrutaba, el jazz y el soul eran los que empataban perfectamente con su personalidad, tremendamente observadora, solitaria, ultrasensible, ansiosa de afectos. Por ello, una vez que pasó a la Orquesta Nacional de Jazz, su formación se completó y estaba lista para dar el gran salto.

Salto a la fama

En el 2002 firma su primer contrato con Island Records bajo la batuta de Simon Fuller, su representante. Un año después publica su primer disco: Frank.

Este álbum era demasiado bueno para ser compuesto y cantado por alguien tan joven y sin ninguna experiencia previa en escenarios o estudios de grabación. Pero rápidamente alcanzó los primeros lugares en el ranking británico, ganando un disco de platino y la nominación al Brit Awards.

En el 2004, este disco ganó el premio Ivor Novello, un galardón que otorga la Asociación Británica de Autores y Compositores por su tema “Stronger than me”. Cuando escuché por primera vez esta canción, me quedé literalmente, boquiabierta por la fuerza tan terrible con que Amy arremetía con todo, contra un amor enclenque, demasiado débil:

Porque he olvidado la fuerza de tu amor juvenil

Me siento como si fuera una señora y tú un travesti

Deberías ser más fuerte que yo

pero en lugar de eso

no eres más que un pavo congelado.

En el 2006, aparece en vitrinas su segundo álbum: Back to Black, el cual presenta a una Amy más cuajada, más madura musicalmente.

De este disco, no me canso de escuchar a todo volumen en el carro, “You know I’m No Good”, una canción circular, perfecta, al estilo de los viejos temas Motown (la corriente de música negra de los años 40 que se hicieron famosas con la disquera de este nombre) que transparenta su alma llena de turbulencias, con la controversia a flor de piel.

En ella muestra a un Amy que, como dice la letra “es un problema” y que ya había advertido a su pareja que en efecto, ella no era buena. Los escándalos ya comenzaban a aparecer, su afición a amanecerse en fiestas, junto a Blake Fielder-Civil, un asistente de video que conoció en un bar. Ambos eran adictos a la diversión fácil y lo extremo, y, junto con Blake, Amy se introduciría al mundo de la heroína, cocaína y el crack.

Justamente Back to Black fue editado, creado cuando ella rompió con Blake. Los temas como “Rehab” (el más conocido), “Just Friends”, o “Wake up Alone”, hablan de la soledad, el desconsuelo, el dolor de caer en la vorágine de lo no resuelto, lo no correcto, lo disonante del sentimiento más universal: el amor.

En Rehab, justamente ironiza sobre algo que tal vez, le hubiera salvado la vida:

Han intentado que vaya a rehabilitación

Pero yo dije “no, no, no”

Sí, me he desmayado, pero cuando recobro el sentido

Te enteras, te enteras, te enteras.

Lamentablemente, esa fragilidad emocional que llevaba Amy consigo la volvería a acercar al controvertido Blake en el 2007. En esa fecha el disco vendía 12 millones de copias, ganando dos platinos, ella era famosa, respetada, adorada, pero tras las cuatro paredes de su hogar, el alcohol, las peleas, la violencia, era pan de todos los días. Aún así, se casó con Blake tiempo después.

En el 2008, este álbum ganaría 5 premios Grammy. Amy estaba en la cúspide. Era la primera mujer en ganar tantos premios en un solo día, la artista revelación, la nueva Nina Simone o Billy Holliday, pero por dentro era una niña que no había crecido y era terriblemente infeliz. Y la prensa se alimentaba de cada uno de sus escándalos: ella tuvo que recibir los Grammys y actuar vía satélite, pues nunca le dieron el visado a Estados Unidos por su problema con los narcóticos.

Desórdenes y escándalos

La vida de Amy Winehouse puede compararse con la de una balanza. Mientras que uno de los lados subía a la cima, el otro bajaba irremediablemente. En ese otro lado iba su alma.

Ya desde el 2006, había aparecido ebria en varios shows de TV y en el escenario. Su unión con el controvertido Fielder-Civil, no solo la había hundido más en las drogas, sino en más oscuras prácticas. Esto se vio en uno de los episodios más chocantes, en el 2007, cuando, durante una entrevista para la revista americana Spin, Amy tatuó con un trozo de espejo, “I love Blake” en su vientre.

En muchos otros momentos, era frecuente verlos demacrados, con marcas de golpes o cortes. Una fuente declararía más tarde que auto cortándose, Amy encontraba la única manera de sentirse viva en un mundo altamente vertiginoso lleno de presentaciones, compromisos y tentaciones.

Genio, locura y muerte

Luego de este recorrido por la tormentosa vida de Amy Winehouse me pregunto si es que realmente ella sería una víctima de las circunstancias, o eligiría voluntaria y secretamente vivir así, como alguna vez lo hizo el poeta francés Arthur Rimbaud, para llegar al fondo de los fondos, a la zona más “dark” del alma humana siempre bajo la consigna de “ser el otro”, algo como “ponerse en los zapatos del otro”, para luego, producir los poemas más geniales, los cuales revolucionaron por completo la historia de la literatura universal; una parte extraña de la genialidad que hace que veamos, cómo poetas, músicos, pintores, físicos, matemáticos trepan a la cúspide de sus disciplinas, a la vez que caen en picada en sus vidas personales.

Y ejemplos hay miles, pero en el campo de la música puedo mencionar a quienes se agrupan en el llamado “Club de los 27“, conformado por un grupo de músicos que murió en diferentes circunstancias y fechas, todos a los 27 años.

Y a muchos de ellos los conoces: Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Kurt Cobain, Jim Morrison, Brian Jones. Todos ellos megaestrellas de la música, genios auténticos y consagrados, con legiones de fans detrás suyo, pero cuyas vidas personales quedaron ensombrecidas por desórdenes, escándalos, crisis depresivas, marginalidad, y una profunda y gran soledad.

Genio y locura, parecen ir entrelazados y este fenómeno ha sido estudiado durante décadas por especialistas de la talla de Sigmund Freud y Carl Jung. Para el psiquiatra Felix Post, del Maudsley Hospital de Londres, este fenómeno relaciona estrechamente a los genios con conductas disociales, pero la gravedad de estos trastornos varía en función de la disciplina artística que se realiza.

Para él los poetas son los que corren un mayor riesgo de sufrir depresión, trastornos emocionales lo que puede terminar en suicidio. Pero también, quienes se dedican a actividades como el teatro o la música llevan vidas autodestructivas. Y si bien, pare Post, estos últimos no necesariamente se suicidan, sus trastornos los pueden llevar inexorablemente a su final.

Amy Winehouse fue hallada muerta el 23 de julio de 2011 en su casa de Camden Town. Tenía apenas 27 años. Cuando lo supe, corría a mi auto a dar vueltas bajo el influjo de “You know I’m No Good”. La curvilínea y poderosa voz, las trompetas, órganos, y coros parecían rajar las lunas, romper los espejos y estrujar la carrocería de mi vieja carcacha, pero qué mas daba, era mi homenaje silencioso a quien para mí fue una adelantada a su tiempo, alguien quien tal vez no debió estar en este mundo aquí y ahora, pero que mientras estuvo, nos dejó un pequeño gran legado musical, que será el modelo de generaciones en el futuro.

Referencias: ElMundo, PopCrunch.

Imagen: Peru21, MailOnline, Menisco, Taringa.net, Blogdelamusica, PlanetaMusical, Belelú, HollywoodNews, Bloggerismo, Famoseo.

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Acerca del autor

Escrito por Carla Gonzales

Egresada de Literatura en la UNMSM, periodista y correctora de textos y estilo. Actividades: leer, escuchar rock clásico, jazz, blues, proyectos literarios.